Al decir latinoamérica,
¿cuál América nombramos?
La de la raíz latina,
¿Y las otras?, ¿las negamos?

Vive una raíz africana
en los nombres y en las cosas,
en la sangre y en los bossas,
en la historia y sus ventanas.

¿Y esa otra raíz pisada,
la más vieja, la más viva,
originaria y profunda,
Abya-Yala, la nativa?

Con el nombre damos vida,
sin el nombre silenciamos.
Al decir latinoamérica,
¿cuántos gritos sepultamos?

Busca un nombre el continente
y que nombre lo invisible,
apellido de la tierra,
voz de flor inmarcesible.

Si es mestizo su ropaje
es que caben sol y luna.
Hay palabra sin fronteras:
la mestiza que perfuma.

La palabra hermanadora,
su tejido de raíces:
nombra al árbol y a su sombra,
funde encanto y cicatrices.

Sea una Mestizoamérica,
mezcla de aguas ancestrales
que retornan en la lluvia
y en tambores de rituales.

Sea una Mestizoamérica,
una Mestizoabiayala,
tierra en pie que no se rinde,
sus raíces la proclaman.